COMO CADA LUNES
Por: Rafael Menoscal Reynoso
Ningún presidente es el Dios que muchos imaginamos, que está en toda parte. Pero lo cierto es que el presidente Abinader está obligado a tener la mirada puesta sobre el accionar de cada funcionario.
Y como las reformas están en el tapete, deben revestirse con un manto de total transparencia.
El mayor legado del mandatario es dejar un país saneado de corrupción e impunidad, no sólo en percepción sino en la realidad. Darle seguimiento paso a paso a sus funcionarios, algunos de los cuales se tornan a veces voraces y ansiosos, lo que resulta peligroso.
Son muchos los ojos pendientes al accionar de cada funcionario y los del mandatario deben tener una lupa gigante, capaz de detectar cualquier parásito que se asome.
Ningún funcionario debe dejarse a sus anchas. Sigamos construyendo el país del futuro… con transparencia.